Jane Goodall, doctora honoris causa en Madrid


INFORADIO UCM / Fernanda Fernández / 17-12-2018

           Encanecida por los años y por todo el aprendizaje cultivado en más de sesenta años investigando a nuestros parientes lejanos más próximos, los primates, Jane Goodall entra al Paraninfo de la Universidad Complutense con ojos muy abiertos. Está a punto de recibir un doctorado honoris causa por esta institución. Detrás suyo lleva ya otras 45 investiduras, ha escrito 27 libros, algunos galardones como el Premio Príncipe de Asturias. Sin embargo, para ella eso no la representa. Los números después de tanto tiempo no son lo suyo.

Carlos Andradas, rector de la Universidad y Pedro Luis Lorenzo, decano de la Facultad de Veterinaria presidieron el acto. En un espacio más apegado a la religiosidad por su arquitectura que a las ciencias puras, acompañaban a la investigadora a lo largo del pasillo del recinto para tomar su lugar en una silla donde leía los discursos en español traducidos al inglés. Pocos minutos después, tras ponerle una boina que designaba que ya era doctora de la universidad madrileña, subió con pasos pausados pero seguros a hablarnos. Disculpándose por no hablar en la lengua del lugar, articuló una frase como si fuera un chimpancé. Las personas de su Instituto respondieron al unísono. La alegría carece de lengua.

            Jane Goodall, a sus 85 años de edad, no se ve como la Jane de los premios, de las largas entrevistas ni del fanatismo y cariño del mundo. Sigue viéndose a sí misma como aquella niña pequeña londinense que descubría lo que era el comportamiento con su primer maestro, el perro de su infancia. Instruyéndose con libros sobre la fauna en África, Goodall sustituía la imposibilidad de acceder a la universidad por falta de recursos económicos. Con su salario como mesera, pagó su primer viaje a África en barco, abriéndose camino a un trabajo de investigación que ahora sabemos que no le duraría únicamente seis meses. Y como dijo el decano de la Facultad de Veterinaria, Pedro Luis Lorenzo, lo que ha hecho Jane Goodall con su labor, más que una actividad, es una trayectoria vital.

            Los trabajos de Goodall son casi tan extensos como la paciencia que irradia a través del micrófono en el atrio de la sala. Tras descubrir que los chimpancés crean herramientas el concepto de hombre y el concepto de ser humano se vieron tambaleantes. Antes de esto, el hombre era el único hacedor de herramientas. Con voz muy serena y en inglés, cuya comprensión por parte de la sala se mide en la cantidad de risas que suenan tras sus chistes, Jane nos recuerda que los chimpancés igual que los seres humanos, son compasivos y emocionales pero tienen también un lado oscuro y brutal.

Como si no hubieran pasado sesenta años desde que se aventuró en Gombe, como si no hubieran pasado más de sesenta minutos, Jane sabe que el tiempo, que no dejará de transcurrir, es poco. La doctora Goodall pide que pensemos desde el ahora en el futuro de nuestro planeta y sus habitantes, árboles, chimpancés, plantas y seres humanos. 




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